PLANTA NÓMADA


Mi camino me llevó desde Senegal hasta un pequeño pueblo de Alemania cuando era joven. Aquí es donde pasé la mitad de mi vida. El clima allí es relativamente suave y la región es conocida por sus magníficos vinos y suelos.


Recuerdo haber clavado las manos en la tierra cuando era niña. Me encantaron sus tonos cálidos y su aroma fundamental de minerales y nutrientes.


Recuerdo que muchos de mis días los pasaba recogiendo frutas, bayas, nueces, semillas, hongos, raíces, ramitas y hierbas.


Recuerdo a mamá preparando tinturas de hierbas, ayunando, orando y sanando a través de la música y la danza.


Reconocí sus enseñanzas y las absorbí todas como una esponja.


Pronto aprendí sobre los beneficios medicinales de muchas hierbas, raíces, hongos, frutas y especias.


Las plantas merecen el máximo respeto. Son sanadores. Absorben toxinas. Limpian el cuerpo, el aire y la tierra.


En mis viajes por África, Europa y Asia, he aprendido que sirven de muchas maneras hermosas.


Como alimento. Como medicina. Como sanadores. Como comunicadores.


Ellos son Amor.

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